La Paz. Durante casi dos décadas, Bolivia fue considerada uno de los principales productores y exportadores de gas natural de Sudamérica. Sin embargo, el país atraviesa hoy una realidad muy distinta: la disminución sostenida de las reservas y de la producción ha reducido los ingresos por exportaciones, afectado la disponibilidad de divisas y obligado al Estado a replantear su política energética.


La discusión sobre un supuesto desabastecimiento de gas ha cobrado fuerza en los últimos años. Especialistas coinciden en que el principal problema no es la falta de Gas Licuado de Petróleo (GLP) para el consumo doméstico, sino la caída de la producción de gas natural, recurso que durante años sostuvo una parte importante de la economía boliviana mediante las exportaciones a Brasil y Argentina. La reducción de la producción también ha incidido en la menor disponibilidad de divisas y en la necesidad de importar mayores volúmenes de combustibles líquidos.

Según datos oficiales de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), las reservas probadas de gas natural continúan disminuyendo. Una presentación institucional difundida este año señala que, considerando la última certificación al 31 de diciembre de 2025, Bolivia dispone de aproximadamente 3,7 trillones de pies cúbicos (TCF) de reservas probadas, una cifra considerablemente inferior a la registrada durante el auge gasífero.

El auge del gas y las exploraciones

Los mayores descubrimientos de gas natural en Bolivia se realizaron entre mediados de la década de 1990 y comienzos de los años 2000, durante el proceso de capitalización y apertura a la inversión privada. En ese periodo empresas internacionales como Petrobras, Repsol, Total y British Gas desarrollaron importantes campañas exploratorias que permitieron descubrir megacampos como San Alberto, San Antonio y Margarita, incrementando de manera significativa las reservas nacionales.

Cuando Evo Morales asumió la Presidencia en 2006, el país ya contaba con esos grandes yacimientos descubiertos. Ese mismo año se produjo la nacionalización de los hidrocarburos, medida que otorgó al Estado un mayor control sobre la producción y comercialización del gas. Gracias a los elevados precios internacionales y a la alta demanda de Brasil y Argentina, Bolivia registró durante varios años ingresos históricos por exportaciones de hidrocarburos.

No obstante, diversos analistas y organismos especializados sostienen que, mientras avanzaba la explotación de los campos ya descubiertos, la inversión en nuevas exploraciones no logró compensar el agotamiento natural de los yacimientos maduros. Como consecuencia, la producción comenzó a descender de forma sostenida durante la última década. Reuters reportó que la producción nacional cayó de aproximadamente 56,6 millones de metros cúbicos diarios en 2016 a 31,9 millones en 2023, reflejando el deterioro del sector.

¿Se realizaron exploraciones durante los gobiernos del MAS?

Sí. Durante los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) se ejecutaron campañas exploratorias y perforaciones en distintas regiones del país; sin embargo, los resultados no fueron suficientes para reemplazar el agotamiento de los grandes campos descubiertos en la década de 1990. Uno de los hallazgos más importantes fue el pozo Mayaya Centro-X1, anunciado en 2024 por el gobierno de Luis Arce como el descubrimiento gasífero más relevante desde 2005, con un potencial estimado de 1,7 TCF. Aunque representa una noticia alentadora para el sector, expertos señalan que este descubrimiento aún requiere importantes inversiones y tiempo para traducirse en producción comercial.

El desafío hacia el futuro

La reducción de las reservas ha obligado al país a buscar nuevos socios e inversiones para reactivar la exploración. El actual Gobierno informó recientemente que inició conversaciones técnicas con Petrobras para evaluar su retorno a proyectos de exploración y producción en Bolivia, además de colaborar en la reestructuración de YPFB. La estrategia busca atraer capitales y recuperar la producción nacional de hidrocarburos.

Expertos coinciden en que la recuperación del sector dependerá de incrementar las inversiones en exploración, desarrollar nuevos campos comerciales y diversificar la matriz energética. De lo contrario, el país podría continuar reduciendo sus exportaciones de gas y aumentar su dependencia de combustibles importados, con efectos directos sobre la economía nacional y las finanzas públicas.