La tensión entre la UEFA y la FIFA alcanzó un nuevo nivel luego de que el organismo que dirige el fútbol europeo advirtiera que emprenderá acciones legales contra la FIFA por el fallido proyecto impulsado por su presidente, Gianni Infantino, que buscaba abrir la puerta a inversores privados en la explotación comercial de futuras Copas del Mundo.



El conflicto surgió tras la propuesta de crear una nueva entidad comercial para gestionar parte de los derechos económicos del Mundial y otros torneos organizados por la FIFA. El plan contemplaba la venta de una participación cercana al 20% de esos activos a inversores privados, en una operación valorada en aproximadamente 4.200 millones de dólares, con el argumento de generar mayores ingresos para el desarrollo del fútbol mundial.

Sin embargo, la iniciativa provocó una fuerte oposición de la UEFA y de otras confederaciones, que consideraron que la medida comprometía el control del torneo más importante del fútbol internacional y cuestionaron la falta de transparencia con la que se manejó el proyecto. La resistencia también se extendió a varias federaciones nacionales y ligas profesionales.

Ante la presión, la FIFA anunció el retiro de la propuesta. No obstante, la UEFA confirmó que estudia llevar el caso ante la justicia y envió una notificación formal a la dirigencia de la FIFA para que se preserven todos los documentos relacionados con el proyecto, al considerar que podrían ser relevantes en un eventual proceso judicial.

El enfrentamiento también tiene un trasfondo político. Diversas federaciones europeas comenzaron a retirar su respaldo a una eventual reelección de Infantino en la presidencia de la FIFA y la UEFA ya trabaja en la búsqueda de una alternativa para los comicios previstos en 2027. Analistas deportivos consideran que esta disputa podría marcar uno de los momentos de mayor tensión institucional entre ambos organismos en la última década.

Aunque la FIFA sostiene que el objetivo de la propuesta era fortalecer el financiamiento del fútbol y aumentar los recursos destinados a las asociaciones miembro, la oposición insiste en que el Mundial debe mantenerse bajo control directo del organismo rector y no convertirse en un activo sujeto a intereses de capital privado.

Con la retirada del plan, el conflicto legal e institucional continúa abierto y podría influir tanto en la gobernanza del fútbol mundial como en el futuro liderazgo de la FIFA en los próximos años.